La oferta era tentadora: un móvil nuevo, con cámara de fotos, pantalla muy grande, no sé cuántas melodías polifónicas, grabadora de sonidos, etcétera etcétera.
La condición: el móvil antiguo lo heredaría mi hermano.
El resultado: he rechazado la oferta y mi hermano se ha quedado con el teléfono nuevo.
No he podido aceptarlo. Y es que fue poner mi tarjeta en el "superteléfono" y comprobar que había perdido todos los mensajes recibidos... y sentí que me habían quitado un saco gigante de recuerdos.
jueves, agosto 11, 2005
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