Estaba en Praga y decidí crear un blog. Un diario que me acompañase durante aquellos meses. Un espacio que me mantuviese más cerca de aquéllos a los que entonces tenía tan lejos. Un lugar donde cumplir uno de los muchos sueños de mi infancia: contar historias y que alguien las leyese.
Un blog. Eso que sonaba tan raro y que, tal vez, seguiría conmigo cuando volviese a casa. Lo único que necesitaba era una fuente de historias que contar, y que esa fuente no se cerrase. ¡Ah, sí, y un título para abrirla!
Encontré la fuente dentro de mi recuerdo y mi presente y la he mantenido abierta durante todo este tiempo. Aquel día llevaba puestas unas medias a rayas rojas, verdes y marrones.
Sin embargo, hace una semana sentí la necesidad de taponarla. Fantaseé con la idea de escribir una nota de despedida y cerrar este espacio. Pero finalmente pensé que era una decisión precipitada, así que me tomé unos días para pensarlo.
Pero no ha sido suficiente. Necesito callar durante un tiempo. Pasar de puntillas por la blogosfera, para no hacer mucho ruido; veros a todos desde un rinconcito, saludar levemente y volver al silencio.
Es sólo una despedida temporal. Quizá sólo unos días, pero no quiero poner una fecha de regreso. No me atrevo a adivinarla.
Si pudiese resumir en una palabra todo lo que me queda por deciros, ésa sería "GRACIAS". Así, bien alto, como suenan las mayúsculas cuando se escriben con mayúsculas. Por haber estado ahí desde el principio, y por tantas, tantas cosas buenas que me habéis hecho sentir y que nadie me podrá quitar nunca.
Hasta muy pronto...
...y si alguna vez os cruzáis con una niña que camina con sus medias a rayas, no dudéis en preguntarle si su nombre tiene dos letras.
jueves, septiembre 08, 2005
miércoles, septiembre 07, 2005
En las noches de tormenta, Barcelona se convierte en un parque de atracciones.
Con su noria de sirenas que vienen y van y dan vueltas sin parar.
Con los golpes de hacha que da la lluvia contra el cristal.
Con el aullido interminable de los coches que se quejan.
Y los gritos de Barbazul,
que se arranca el pelo y lo arroja sobre la ciudad.
Con su noria de sirenas que vienen y van y dan vueltas sin parar.
Con los golpes de hacha que da la lluvia contra el cristal.
Con el aullido interminable de los coches que se quejan.
Y los gritos de Barbazul,
que se arranca el pelo y lo arroja sobre la ciudad.
miércoles, agosto 24, 2005

Un profesor de ética en el instituto nos repetía una y otra vez la frase del filósofo inglés Thomas Hobbes: "El hombre es lobo para el hombre" (Homo homini lupus est). Decía este filósofo que el hombre, en su estado natural, es salvaje y egoísta (aparte de muchas otras cosas; pero todo partía de esta base).
En 1988 llegó Jessica Rabbit (¿Quién engañó a Roger Rabbit? de Robert Zemeckis) y sentenció:
"Yo no soy mala; es que me han dibujado así".
Así que cuando empiezas a escribir una historia, un guión cuyo protagonista es un tipo malo, pero muy muy malo (egoísta, mezquino, ruin) te preguntas: ¿qué le ha hecho ser tan malo en su vida? ¿O es que ya nació así? ¿Acaso tiene un pasado oscuro que ha desembocado en una personalidad turbia, o nada que ver con eso? ¿La gente mala es mala desde que nace o, por el contrario, se hace? ¿Qué hago yo ahora? ¿Por qué hago tantas preguntas?
Y lo más importante (y aquí quería yo llegar):
¿Qué opináis vosotros?
martes, agosto 23, 2005
¿Cómo influye escuchar (o no) música country en el índice de suicidios de un país? ¿Cómo puede afectar la práctica del karaoke a las relaciones interpersonales? ¿Sobre qué tipo de superficie se deslizan mejor las ovejas?
Si está usted interesado en estos temas o en otros como, por ejemplo, el experimento de dos científicos japoneses que adiestraron a una paloma para distinguir los cuadros de Monet de los de Picasso, entonces le encantará conocer la lista de los Premios Nobel Ig.
O lo que es lo mismo, la página dedicada a los Ig-Nobel, premios concedidos a investigaciones que ellos mismos denominan "tontas".
Hay que ver lo que se aburren los científicos. Deberían recomendarles escribir un blog para dar salida a tanta creatividad. ¿O no?
Si está usted interesado en estos temas o en otros como, por ejemplo, el experimento de dos científicos japoneses que adiestraron a una paloma para distinguir los cuadros de Monet de los de Picasso, entonces le encantará conocer la lista de los Premios Nobel Ig.
O lo que es lo mismo, la página dedicada a los Ig-Nobel, premios concedidos a investigaciones que ellos mismos denominan "tontas".
Hay que ver lo que se aburren los científicos. Deberían recomendarles escribir un blog para dar salida a tanta creatividad. ¿O no?
sábado, agosto 20, 2005
¡glu! o o o
Ahora que se acaba la ola de calor, tenemos piscina en casa.
Y lo mejor de todo es que no ha hecho falta ni construirla.
Tampoco ha llovido.
Pero nos movemos nadando.
A mi abuela se le ha roto la manilla del grifo de la bañera y se nos ha inundado la casa. Estáis todos invitados a mover calderos.
jueves, agosto 18, 2005
La duodécima prueba que tuvo que superar Astérix en Las doce pruebas de Astérix consistía en responder al enigma que le planteaba la esfinge. Y el enigma era el siguiente:
¿Qué es, qué es, que nace con cuatro pies, crece con dos y envejece con tres?
Cuando supe la respuesta, me quedé pensando y me dije que yo no envejecería con tres pies sino que seguiría teniendo dos. Eso de andar coja no me hacía mucha gracia.
Sin embargo, me equivoqué. Sigo teniendo cuatro.
Y es que para alcanzar la tableta de chocolate de almendras no sería nadie sin el taburete de la cocina.
¿Qué es, qué es, que nace con cuatro pies, crece con dos y envejece con tres?
Cuando supe la respuesta, me quedé pensando y me dije que yo no envejecería con tres pies sino que seguiría teniendo dos. Eso de andar coja no me hacía mucha gracia.
Sin embargo, me equivoqué. Sigo teniendo cuatro.
Y es que para alcanzar la tableta de chocolate de almendras no sería nadie sin el taburete de la cocina.
viernes, agosto 12, 2005
jueves, agosto 11, 2005
La oferta era tentadora: un móvil nuevo, con cámara de fotos, pantalla muy grande, no sé cuántas melodías polifónicas, grabadora de sonidos, etcétera etcétera.
La condición: el móvil antiguo lo heredaría mi hermano.
El resultado: he rechazado la oferta y mi hermano se ha quedado con el teléfono nuevo.
No he podido aceptarlo. Y es que fue poner mi tarjeta en el "superteléfono" y comprobar que había perdido todos los mensajes recibidos... y sentí que me habían quitado un saco gigante de recuerdos.
La condición: el móvil antiguo lo heredaría mi hermano.
El resultado: he rechazado la oferta y mi hermano se ha quedado con el teléfono nuevo.
No he podido aceptarlo. Y es que fue poner mi tarjeta en el "superteléfono" y comprobar que había perdido todos los mensajes recibidos... y sentí que me habían quitado un saco gigante de recuerdos.
miércoles, agosto 10, 2005
La primera semana de mi estancia como estudiante erasmus en Praga la pasé buscando pisos donde alojarme. En mi tarea me acompañaba una chica francesa que se hospedaba temporalmente, al igual que yo, en la residencia de estudiantes.
Como los periódicos locales estaban en checo y por Internet apenas encontrábamos ofertas de alquiler, la chica me propuso ir hasta la Alianza Francesa de Praga y consultar allí los tablones de anuncios. Así que una tarde la acompañé.
De camino, me pidió que nos parásemos unos minutos en un pequeño local que parecía una tienda de golosinas. Al entrar, nos recibió un hombre mayor que lucía barba larguísima y varios pendientes en una oreja. Emma solicitó: "one computer, please". Y el hombre nos indicó con la cabeza que lo acompañásemos escaleras arriba.
Al llegar a la primera planta, me di cuenta de que aquello era un ciber-café encubierto. No sólo porque en la entrada del local no se indicase de ningún modo el tipo de negocio que allí había. Es que, además, aquello no se parecía en nada a los ciber-cafés en los que yo había estado hasta entonces.
El primer piso era un salón inmenso con suelo de parquet y se dividía en pequeñas estancias gracias a biombos, construidos con cañas de bambú. Cada diminuto compartimento tenía una mesa con un ordenador, y éste era el único elemento que compartía con el resto de habitáculos. Eran todos diferentes: uno tenía un sillón, el otro una planta tropical altísima, el otro un taburete de madera antiguo... Y sobre algunas mesas había incluso lamparitas de mesilla de noche.
Cada estancia tenía su propia personalidad. Nada que ver con los inhóspitos ciber-cafés en los que te sientas frente a un ordenador y tienes, a derecha y a izquierda, decenas de sillas y ordenadores iguales al tuyo. Aquel sitio era como un pequeño cobijo, más parecido a una habitación acogedora que a un local comercial.
Creo que aquella tienda se parecía bastante a un blog, por una razón fundamental:
Dentro de aquel lugar, Internet perdía sus connotaciones de "espacio anónimo, masificado y frío" y dejaba intuir un pequeño, aunque presente, olor a hogar en cada uno de los rinconcitos separados por biombos.
Como los periódicos locales estaban en checo y por Internet apenas encontrábamos ofertas de alquiler, la chica me propuso ir hasta la Alianza Francesa de Praga y consultar allí los tablones de anuncios. Así que una tarde la acompañé.
De camino, me pidió que nos parásemos unos minutos en un pequeño local que parecía una tienda de golosinas. Al entrar, nos recibió un hombre mayor que lucía barba larguísima y varios pendientes en una oreja. Emma solicitó: "one computer, please". Y el hombre nos indicó con la cabeza que lo acompañásemos escaleras arriba.
Al llegar a la primera planta, me di cuenta de que aquello era un ciber-café encubierto. No sólo porque en la entrada del local no se indicase de ningún modo el tipo de negocio que allí había. Es que, además, aquello no se parecía en nada a los ciber-cafés en los que yo había estado hasta entonces.
El primer piso era un salón inmenso con suelo de parquet y se dividía en pequeñas estancias gracias a biombos, construidos con cañas de bambú. Cada diminuto compartimento tenía una mesa con un ordenador, y éste era el único elemento que compartía con el resto de habitáculos. Eran todos diferentes: uno tenía un sillón, el otro una planta tropical altísima, el otro un taburete de madera antiguo... Y sobre algunas mesas había incluso lamparitas de mesilla de noche.
Cada estancia tenía su propia personalidad. Nada que ver con los inhóspitos ciber-cafés en los que te sientas frente a un ordenador y tienes, a derecha y a izquierda, decenas de sillas y ordenadores iguales al tuyo. Aquel sitio era como un pequeño cobijo, más parecido a una habitación acogedora que a un local comercial.
Creo que aquella tienda se parecía bastante a un blog, por una razón fundamental:
Dentro de aquel lugar, Internet perdía sus connotaciones de "espacio anónimo, masificado y frío" y dejaba intuir un pequeño, aunque presente, olor a hogar en cada uno de los rinconcitos separados por biombos.
martes, agosto 09, 2005
Hace tres veranos, cuando en el pueblo de al lado aún no había piscina pública, decidí pedirle a mi madre que me enseñase a calcetar. Los niños con los que solía jugar en verano ya no eran niños y ya no venían de vacaciones al pueblo. Así que tenía a mi bicicleta como única compañera de juegos. Y me aburría bastante.
Empecé con una bufanda pero pronto me supo a poco y seguí calcetando. Y para finales de agosto tenía terminado un jersey.
El diseño era mío. Me había guiado por los patrones de una revista pero, a la hora de elegir las lanas en la tienda, como me gustaban muchos colores, decidí llevarme un ovillo de cada. Así que me quedó un jersey "estilo personal" y muy colorido.
Este verano entre piscina, bicicleta y trabajos varios se me están yendo los días. Sin embargo me estoy planteando seriamente pedir a mi madre que me dé clases particulares de nuevo.
Pero esta vez, de ganchillo.
Y es que he visto este maravilloso vestidito en el periódico y, con el calor que hace, me vendría que ni pintado uno idéntico.
Empecé con una bufanda pero pronto me supo a poco y seguí calcetando. Y para finales de agosto tenía terminado un jersey.
El diseño era mío. Me había guiado por los patrones de una revista pero, a la hora de elegir las lanas en la tienda, como me gustaban muchos colores, decidí llevarme un ovillo de cada. Así que me quedó un jersey "estilo personal" y muy colorido.
Este verano entre piscina, bicicleta y trabajos varios se me están yendo los días. Sin embargo me estoy planteando seriamente pedir a mi madre que me dé clases particulares de nuevo.
Pero esta vez, de ganchillo.
Y es que he visto este maravilloso vestidito en el periódico y, con el calor que hace, me vendría que ni pintado uno idéntico.
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